La enseñanza pública está en peligro. Así de sencillo. No es nada nuevo y hay gobiernos en algunas Comunidades Autónomas, que llevan años apostando por la enseñanza privada, concertando hasta donde se pueda, y convirtiendo a la pública en subsidiaria de ésta.
La Educación, en sentido estricto, no debería considerarse un componente del Estado de Bienestar, ya que la provisión pública de una educación universal no tiene que ver directamente con la cobertura de un riesgo que imposibilite a un ciudadano utilizar su capacidad de trabajo para ser autosuficiente. Sin embargo, sí que se suele considerar dentro de ese concepto por cuanto que el Estado debe buscar, de manera decidida, la igualdad de oportunidades entre sus ciudadanos. Lógico es, que este planteamiento se haga desde una concepción progresista en el que las desigualdades sociales no se contemplan como diferencias insalvables entre los individuos, como sí sostiene el pensamiento conservador, sino que pueden ser resueltas porque tienen un origen social que se relaciona con el entorno familiar, intelectual y educativo en el que se crece.
La crisis económica actual y la falacia de la “herencia recibida”, están sirviendo de excusa para que gobiernos autonómicos de orientación conservadora continúen o pongan en marcha iniciativas y recortes que, lejos de ser un remedio económico, esconden un claro ataque a la Escuela Pública y una rémora para el necesario cambio de modelo productivo.
Gobiernos como el de Madrid, Valencia, Castilla-La Mancha, Galicia o Valencia, no sólo efectúan tremendos recortes en personal y programas de formación y refuerzo educativo, sino que alientan, desde declaraciones que enfrentan al profesorado con la sociedad, el apuntalamiento de una imagen deteriorada de la Escuela Pública que les ayuda a mantener su opciones alternativas a la misma. La renuncia recaudatoria que se hace en Madrid a costa de ayudar fiscalmente a las familias con hijos en centros privados de elite, frente al recorte de gastos en personal educativo, es tan obscena, que merece pocos comentarios.
Invertir en educación es invertir en las personas, en el futuro de las personas y de la sociedad. La Educación Pública es un elemento clave para conseguir una sociedad más avanzada y justa. La mejor palanca para promover la igualdad. El riesgo de nacer en una familia sin recursos que garantice la igualdad de oportunidades en relación al acceso a la educación, está hoy más amenazado que nunca.
