
- Foto: Alfonso Vázquez
“A pesar de ser un acto siempre alegre, el comportamiento de parte importante de algunos, afortunadamente no todos, los alumnos presentes dejó bastante que desear. Las entradas y salidas al salón de actos fueron constantes, por no hablar de los ruidos de tacones de chicas que salían al baño sólo para atusarse el flequillo y volvían a entrar compitiendo para ver quién llamaba más la atención sin importarles absolutamente nada lo que ocurriera en el interior del salón de actos. A ellos les dio más por hablar por el móvil, saludarse efusivamente con los colegas, dar gritos en el pasillo contiguo, hablar por el móvil o quedar con los amigos, hablando de lado a lado del salón, para tapear después. Lo grave es que buena parte de estos chicos aspiran a ser maestros y a educar a los chavales del mañana. Sólo cabe esperar que no les eduquen con su ejemplo”.
Y es que lleva razón. “Lento es el enseñar por teorías, pero breve y eficaz, por el ejemplo” escribió Séneca, frase que anima a actuar con coherencia y exigencia personal. Sólo quién refleja en su vida lo que cree está en disposición de poder educar con posibilidades de “éxito”.
Puede resultar bastante ridículo, por no decir estúpido, dedicar mucho tiempo y empeño a mejorar aspectos insustanciales y abandonar a la suerte o al azar otros más importantes. No es extraño, si olvidamos cuestiones prioritaria, que podamos avanzar en algunos aspectos intrascendentes al mismo tiempo que se pueda deteriorar la convivencia y los valores hasta extremos inquietantes.
Porque los hijos aprenden A sus padres, no solamente DE ellos, lo mismo que los alumnos aprenden A sus profesores y no solamente DE los profesores. Decía Emerson con absoluta claridad: “el ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos”. De modo que, sugiero yo, mejor que el ruido de lo que somos esté en sintonía con el sonido de los que decimos y lo que hacemos.
Cuentan que un profesor le escribe una nota manuscrita a un alumno en la hoja de examen. El alumno, que no entiende aquellas líneas, se acerca a él con el escrito y le dice:
-Profesor, no entiendo lo que ha escrito en mi hoja de examen.
El profesor le contesta:
-Ahí te digo que escribas con la letra más clara.
Y es que verdaderamente educamos como somos, no como decimos que los demás tienen que ser. No sólo me refiero a los profesores, sino también a los padres. Lo digo también de los que tenemos responsabilidades públicas. Trabajar de una manera proactiva por sociedad más justa implica asumir comportamientos honestos. Es imposible construir una sociedad mejor mintiendo, insultando y despreciando a los demás.
Dice el filósofo Emilio Lledó que “enseñar es una forma de ganarse la vida pero, sobre todo, es una forma de ganar la vida de los otros”. Y es complicado ganarse la vida de los otros únicamente metiendo en su cabeza datos y conocimientos inertes sino se enseña, al mismo tiempo, a pensar y a convivir. “Excelente es aquel que, enseñando poco, hace nacer un deseo grande de aprender”, dice Arturo Graf.
El dramatismo radica en que podría suceder que aquello que hacemos con más frecuencia o más intensidad no sólo no nos permite alcanzar lo que deseamos sino que nos aleja sistemáticamente de ello. Podemos saber en teoría qué es lo que queremos. Pero nuestra práctica puede no ajustarse a eso que queremos.
Una campaña televisiva en Australia sobre el tema de educar con el ejemplo (Make your influence positive) ha logrado un video interesante…
…Children see, children do
¡Es la Educación, amigo!
¡Gusto en saludarte, amigo Aquilino!
Como ves, las noticias vuelan entre los amigos y no han tardado en soplarme que Aquilino abrió otra puerta por la que arrimarse a su mesa, pegarse a su charla, compartir sus reflexiones…
Siempre es una satisfacción, pero en esta ocasión, para mí, lo es aún más. Sabes que compartimos profesión y creo que también pasión. En esta página me tendrás a diario. Si hablas de educación, me has dado en el bebe.
Me he leído y releído tus recientes entradas. Estoy al 100% contigo. Comparto tu preocupación por esa escasa educación -en las formas, tan importantes para llegar al fondo- de los jóvenes que aspiran a ser maestros. ¿Con qué herramientas van a educar? Importará bien poco que conozcan de memoria todas las teorías de los insignes pedagogos que en la historia ha habido; no tendrá valor alguno el saber metodológico y didáctico que puedan acumular; podrán ser unos expertos aplicando test y evaluando situaciones didácticas… porque todo ello estará vacío del contenido fundamental: el ejemplo, lo vivido, lo que se transmite y se absorbe por la piel, aquello que antes se decía que se traía desde la cuna. Lo dice Serrat (tan bien como siempre): “Con la leche templada y en cada canción”.
En fin, Aquilino, esto no es nuevo, llevamos viéndolo hace tiempo en los centros, con los maestros jóvenes que van llegando y que no todos -por desgracia- están sobrados de buena educación (en todos los sentidos de esta palabra). Así es que no puedo estar más de acuerdo contigo.
Un abrazo y gracias por dejarnos este rincón.
Por: caberna el Enero 25, 2009
a las 12:05 AM
Esta mañana de domingo me asomo al rincón de mi buen Aquilino, ya entre Carlos y tu lo habeis dicho casi todo,asi que yo me uno ,por estar completamente de acuerdo,a vuestros planteamientos, un abrazote
Por: Rosi Sentís el Enero 25, 2009
a las 10:43 AM
Si señor, tú lo has dicho. Hay gente que estudia una carrera y no tiene educación ninguna y otros,muchos, que sin tener ningún título, están a años luz de ellos. Es cierto que no hay que generalizar pero los que constatamos con la realidad del día a día nos damos cuenta de que a todos los niveles hay una falta de normas, de respeto, de obligaciones…En los cines y teatros hay que mandar callar a la gente, cuando termina un acto en vez de los aplausos, se oyen más pitidos y abucheos…Cuando les hablo a mis alumnos de por qué hay que respetar unas normas siempre les pongo el mismo ejemplo: si bajásemos las escaleras del cole,tres pisos, sin orden ni concierto, al día siguiente vendrían unos pocos escayolados. Y por qué debemos respetar a los demás cuando están trabajando o simplemente cuando hay algo que debatir.
Pero esta misma semana, en la que ando de baja, subí a mi clase para darle a mi sustituta unos controles que ya tenía preparadas. Cuando entré me encontré a aquella chiquilla que no aparentaba tener más de 18 años, con las manos cruzadas delante de la pizarra.Me imagino que esperando que aquellos crios,levantados, vociferando y tirando cosas, se calmasen. Entré yo y se hizo un silencio total y con mucha calma pregunté:¿Podéis decirme qué tarea estábais haciendo?_ A lo que una niña me contestó:_ Los ejercicios de Cono, Seño. Creo que no_ dije _ así dificilmente se puede trabajar. Todos se habían cambiado de sitio y le pregunté a C…si ella les había dado permiso a lo que me contestó que no.Me entraron ganas de decirle que ellos notaban su miedo y, como a muchas de sus madres, la tenían “acojonada”.Pero me pareció muy fuerte y le dí las pruebas. Me preguntó si quería que las corrigiese y le dije:”Tú, ahora y mientras yo no tenga el alta, eres su tutora”.
Cuando llegué a casa lo comenté con mi hija que está terminando el CAP para que se diese cuenta que la docencia es muy gratificante siempre que sepas que nos estás para “enseñar a un loro a hablar” sino para formar “personas” en el sentido más amplio de la palabra.Besitos
Por: La seño el Enero 26, 2009
a las 1:56 AM
Me encuentro aún más cercano a la visión del alumno que a la del docente y, efectivamente, el que se sube a una tarima se desnuda y solo es cuestión de tiempo (poco tiempo) que se le perciba en profundidad, mucho más allá de lo que quiera aparentar… el miedo al aula, las carencias pedagógicas y de conocimeinto. Y si el profesor no era honesto con lo que percibíamos de él, mal le iban las cosas.
Nadie engaña a nadie… solo hay que asumirlo. Y el docente está muy expuesto a esto.
¡El anuncio es demoledor!
Por: Milano el Enero 26, 2009
a las 9:49 AM
Con el permiso correspondiente, estoy leyendo “La Última Lección” de Randy Pausch, cito textualmente del cap. 24, titulado: Un imbécil en recuperación; “En el mundo docente existe el cliché comúmente aceptado de que el principal objetivo de los profesores debería ser ayudar a los alumnos a aprender a estudiar. Siempre me pareció un enfoque loable, claro. Pero en mi opinión existía una meta más importante: yo quería ayudar a los alumnos a aprender a juzgarse a ellos mismos” pga. 126.
La coincidencia con esta idea para mí es casualidad, no oportunismo, si termináis de leer el capítulo (sólo 5 páginas) dice cosas muy muy interesantes,-ya de por sí el libro lo és-; también intento aplicarlo por descontado primero a mi mismo.
Un abrazo Aquilino.
Por: Balcor el Febrero 1, 2009
a las 10:19 PM