Posteado por: Aquilino Melgar | Marzo 17, 2009

Pigmalión y Galatea

Foto: José Carlos Varea

Foto: José Carlos Varea

 

La mano del artista trabaja en el mármol un cuerpo perfecto. Y Afrodita, finalmente, complace a este solitario rey. Sus labios insuflan vida a la mortecina y apagada lápida mortuoria. La mujer, Galatea, abandona su armadura de piedra baldía y se convierte en carne, huesos, órganos y humores. Y Pigmalión, incrédulo, no cabe en sí de tanta satisfacción.

 

Cristina Andino, una docente de la ciudad de Rosario, en Argentina, cuenta la siguiente experiencia:

«Un día, les entregué a mis alumnos de 11 años una lista con los nombres de sus compañeros y de sus profesores. Les pedí que escribiesen, por lo menos, tres virtudes al lado de cada nombre que aparecía en la lista. No les conté nada más. Como única explicación les dije que confiaran en mí, que era para algo bueno. Naturalmente, en algunos casos, descubrir “cosas buenas” de sus compañeros o, incluso, de algún docente, no les resultó nada sencillo. Sin embargo, pusieron todo su empeño para cumplir lo que les había pedido. Diariamente esperaban ansiosos los resultados. Cierto día nos reunimos todos los alumnos y los docentes, porque tenía que leerles “un cuento”. Acto seguido, les entregué a cada uno “su diploma” que contenía el relato de “el elefante encadenado” y, debajo, lo que pensaban de él sus compañeros/alumnos. Las caritas de felicidad y sorpresa de grandes y pequeños decían más que mil palabras. Este ejercicio reafirmó autoestimas, permitió sentirse tenido en cuenta, necesario. Algunos dejaron de ser esa piedrita molesta en el zapato. El clima del aula dio un vuelco por el cambio de actitud de todos los actores del proceso enseñanza-aprendizaje. Era un placer entrar en ella, las bromas reinaban en el lugar. Se percibía en el ambiente deseos de superación personal al tener seguridad, no sólo en uno mismo, sino también en el otro. Extendieron su mano para darse y, a la vez, para recibir sin vergüenza. ¿Alcanzaron los chicos sus aprendizajes básicos? Sin duda… ¡Y los superaron más allá de toda expectativa inicial! Lo fundamental para los niños de esta experiencia, lo grabado a fuego, fue descubrir que todos valemos y, que por ello, nos debemos respeto. Y para mí el poder y la importancia de la educación de los sentimientos.»

 

Bucay relata una historia sobre un elefante encadenado en la que cuenta la afición infantil a los circos, a los animales que los poblaban y, en especial, al gigantesco elefante.

Durante cada función, la enorme bestia desplegaba su tamaño, su peso y su descomunal fuerza… pero después de su actuación y hasta momentos antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente:

  ¿Qué lo mantiene entonces?

  ¿Por qué no huye?

La respuesta parece obvia:

  El elefante no se escapa porque está amaestrado.

Pero entonces surge otra pregunta obvia:

  Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

Difícil respuesta para un niño amante del circo y los animales.

Sin embargo, el tiempo y la madurez, le hacen a uno reflexionar y encontrar una respuesta coherente:

  El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

“El niño cierra los ojos e imagina al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Está seguro de que en aquel momento el pequeño elefante empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino”.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree –pobre de él- que no puede. Tiene grabado el recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió en su infancia. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

 

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos demasiado a menudo pensando que “no podemos”, simplemente porque una vez, hace tiempo, lo intentamos y no lo conseguimos. Grabamos entonces en nuestra memoria, como el elefante, un claro mensaje: “no puedo, no puedo y nunca podré”.

Crecemos llevando este mensaje impuesto a nosotros mismos y nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Y cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: “no puedo y nunca podré”.

 

¡Parece increíble lo que nos cuesta a veces reconocer aciertos y cualidades, manifestar algo de admiración y un poco afecto! Somos presa de una cierta racanería a la hora de decir a los demás qué es lo que nos gusta o emociona de ellos. Somos más proclives a descalificar que a felicitar.

 

Hay otra buena experiencia educativa que ejemplifica esta cuestión:

En un ejercicio de dinámica de grupos, una chica ocupa el lugar central de un círculo. El resto de compañeros tienen que acercarse y decirle al oído alguna cosa positiva de su personalidad, de su físico, de su indumentaria, de su forma de relacionarse… Puede ser grande o pequeña pero, en cualquier caso, debe ser sincera.

La chica, después de oír algunas manifestaciones, rompe a llorar y abandona la sala. Cuando más tarde se le pregunta el motivo, ella contesta:

  Nadie me había dicho nada agradable en mi vida.

 

Nos encontramos ante una terrible manifestación que desvela algunas carencias de las que tenemos que ser conscientes. La relación personal no se puede esfumar bajo el listado de objetivos de aprendizaje o de competencias básicas.

En la medida en que sepamos aumentar la autoestima de los alumnos, en que apreciemos las actitudes y los valores, en que sepamos cultivar una buena disposición emocional favorable al aprendizaje, recogeremos mejores frutos de la delicada y complicada labor educativa. El verbo aprender, al igual que el verbo amar, no se pueden conjugar en imperativo.

 

 

“Escuché sus ideas ensimismada, sobre todo cuando nos explicó que, durante el primer año, tú ya sabrás reconocer perfectamente si eres amado. Y que, precisamente, la percepción que vayas teniendo de ser “querido” influirá mucho en la idea que poco a poco te vayas formando de ti mismo como un ser “querible”. (…) nos dijo que de algo aparentemente tan sencillo depende, en gran parte, la actitud que en la adolescencia y en la edad adulta manifiestan muchos seres humanos al considerarse a sí mismos valiosos o no valiosos (eso que llaman «la autoestima»)”.

Bienvenido, Juan. Cartas a un niño que va a nacer. (María Novo, Francesco Tonucci) Ed. Grao

 

 

Émulos de Afrodita, la tarea educativa es en buena parte la redención de la preciada e ignorada estatua de Galatea. Para ello, sin embargo, es necesario aplicar la receta de Pigmalión: creer en los alumnos, mantener expectativas positivas sobre los mismos y, aún más, sobre los más desfavorecidos. No es que sea suficiente, pero sí condición necesaria para superar un cierto determinismo darwiniano de fracaso escolar.

 

 

 

Posteado por: Aquilino Melgar | Febrero 18, 2009

Cuando el dedo señala la luna…

Foto: Jose A. Martín Soriano

Foto: Jose A. Martín Soriano

Dos amigos viajan de safari a África. Ya en zona salvaje, deciden abandonar el vehículo y continuar a pie para poder contemplar el maravilloso paisaje que la naturaleza les brindaba. Pasado un tiempo observan que un León los vigila desde unos 20 metros de distancia, con una mirada de acecho que pronostica un impulso de caza y captura. Son conscientes de que se han alejado casi un kilómetro del vehículo. De pronto, uno de ellos toma su mochila, saca un calzado deportivo y tranquilamente comienza a ponérselo. El otro lo mira con cara de extrañeza y le dice:

-      ¿Estás loco?, ¿acaso piensas que puedes correr más rápido que el León?

-      No amigo mío, no tengo que correr más rápido que el León, solo tengo que correr más rápido que tú

 

Me preocupa mucho esta actitud de sálvese el que pueda, de desprecio a los demás, de sobrevaloración de lo mío sobre el nosotros, de la insolidaridad y el individualismo por bandera.

 

La noticia sobre un estudio que tipifique los factores que influyen en el temprano de la escolarización y las posibles medidas educativas que puedan ponerse en marcha para reducir el problema, aparece en la edición digital de un diario que permite la inclusión de comentarios a los lectores. El siguiente es uno de ellos:

 

“MENOS ESTUDIOS Y MENOS DINERO GASTADO INUTILMENTE. PARA DECIR LAS COSAS CLARAS Y SIN RODEOS: LOS NENES DE ESTA CIUDAD, AL MENOS EL 50% (VAMOS A DEJARLO ASI) NO ESTUDIAN PORQUE ES MAS RENTABLE Y TIENE MAS SALIDA DEDICARSE AL NARCOTRAFICO, MÁS RAPIDO Y SIN ESFUERZO, PORQUE ES LO QUE LES PASA A TODOS “ÉSTOS”. QUIEREN HACERSE RICOS SIN PEGAR UN PALO AL AGUA Y ESTUDIAR COMO QUE SE HACE “MUY DURO” PARA SUS MOLLERAS CERRADAS COMO CANDADOS……….DONDE NO HAY NO HAY……AHORA .. ¿PARA CUANDO UN ESTUDIO DE COMO MEJORAR LOS RECURSOS EXISTENTES PARA LOS QUE “SI” QUIEREN ESTUDIAR Y MEJORAR SU RENDIMIENTO…COMO SIEMPRE EN ESTE PAIS SE PRIMA A LA CARROÑA Y SE PUTEA AL RESTO.”

 

Algunas puntualizaciones al respecto, para juzgar este tipo de actitudes:

·         Cuando se refiere a ‘TODOS “ÉSTOS”’ no se está utilizando un genérico para referirse a quienes no quieren estudiar, sino que parece precisar de manera clara ese “50%” de “NENES DE ESTA CIUDAD”.

·         Y a ese 50% les otorga el atributo de que ‘ESTUDIAR COMO QUE SE HACE “MUY DURO” PARA SUS MOLLERAS CERRADAS COMO CANDADOS…. DONDE NO HAY NO HAY’, además del de CARROÑA.

·         Y claro, la CARROÑA parece ser CARROÑA para siempre, puesto que el menor intento de dejar de serlo, significa que se PRIMA A LA CARROÑA y se PUTEA AL RESTO.

 

Me preocupa que haya demasiadas opiniones como la descrita. Me preocupa que haya tanto necio.

Cuando el dedo señala la luna, el necio mira la mano.

 

¡Es la Educación, estúpido!

Posteado por: Aquilino Melgar | Febrero 4, 2009

Guardar silencio

José Lorente

Detalle de pirograbado: José Lorente

DIGMUN es una Asociación de Ceuta en la que mi amiga Maribel Lorente y el grupo de abnegadas personas que le acompañan, realizan una extraordinaria labor en relación a la dignificación de la vida Mujeres y Niñ@s. El pasado 3 de febrero y en conmemoración del Día Internacional de la Paz, prepararon un acto denominado “Ningún niño-a víctima de la Guerra” en el que presentaban una publicación que recopila cuentos elaborados por escolares bajo el lema “Tu solidaridad es mi alegría”.

Mi compromiso y mi deseo era haber participado en dicho acto. No pudo ser y bien que lo lamento. No sólo por la ausencia sino por el desgraciado hecho que motivó la misma.

 

Dicen que la distancia más corta entre una persona y la verdad es un cuento. En realidad esto no tiene ninguna base científica pero, por lo que pueda haber de verdad en ello, no perdamos la capacidad de narrar cuentos.

Olivier Clerc escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. Un libro para esas ocasiones en que uno no puede embarcarse en una lectura de más de cien páginas. Y este último verano, era una de esas ocasiones. En la introducción, el autor nos llama la tención sobre el hecho de que “todo es lenguaje, que todo nos habla”. Entre las historias que plantea, la que da título al libro, es la que me sirve al propósito que quiero referir.

Imaginemos una cacerola llena de agua y en su interior una rana nadando plácidamente. La cacerola se calienta a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le resulta agradable… y sigue nadando de manera plácida. La temperatura comienza a subir. Ahora el agua está caliente. Incluso un poco más caliente de lo que le gusta a la rana. Pero ella no se inquieta demasiado y además el calor le produce algo de fatiga y somnolencia.

Ahora el agua está caliente de verdad. La situación ya no le resulta tan agradable a la rana. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, de modo que se limita a aguantar y no hace mucho más. Lentamente, la temperatura del agua sigue subiendo, nunca de una manera acelerada… hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cacerola.

Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, se habría puesto a salvo de un enérgico salto.

Es un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.

En esta sociedad nuestra de la comunicación, parece que lo que deja de ser noticia, ha dejado de suceder. Desaparecen las imágenes de niños que sufren la tragedia de la guerra y pensamos que esta tragedia ha desaparecido.

Sin embargo, el agua sigue calentándose…

Dos contribuciones complejas, a veces difíciles de mantener, pero absolutamente necesarias. La primera consiste en ejercitar la conciencia, sin la cual estaremos dormidos en el sentido estricto o figurado. La segunda es el ejercicio de la memoria. Sin memoria no hay comparación, no hay juicio. Pobre rana. Sin conciencia y amnésica, no le queda más que esperar la cocción. Pobres de nosotros si perdemos la capacidad de reaccionar ante el quebranto paulatino e imperceptible.

DIGMUN nos escalda la conciencia, nos recuerda con sus actos las palabras de Martín Luther King: “Nuestras vidas empiezan a acabarse el día que guardamos silencio sobre las cosas que realmente importan”.

DIGMUN no guarda silencio…

Hagamos un esfuerzo para no perder la atención. Hagamos un esfuerzo para no distraernos con la realidad que se nos presenta en primera plana y tratemos de ver la permanente cara oculta de la luna de lo que ya no es noticia. Hagamos ese esfuerzo educativo, ese esfuerzo ciudadano. Sólo así podremos tener esperanza en un futuro mejor.

 

¡Es la educación, amigo!

 

Posteado por: Aquilino Melgar | Enero 24, 2009

Children see…

Alfonso Vázquez
Foto: Alfonso Vázquez
Ayer asistí a la celebración de la festividad de Santo Tomás de Aquino en la Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta. Un acto necesariamente extenso, relajado en momentos,  pero que a algunos les debió parecer poco digno de la atención debida. Durante todo el tiempo tuve que oír, de quienes estaban sentados en los asientos de la fila posterior a la mía, un constante, molesto y poco respetuoso murmullo.
 
En la crónica que del acto, que Naiara Puertas realiza en el Faro de Ceuta, también se aprecia esta cuestión: 

A pesar de ser un acto siempre alegre, el comportamiento de parte importante de algunos, afortunadamente no todos, los alumnos presentes dejó bastante que desear. Las entradas y salidas al salón de actos fueron constantes, por no hablar de los ruidos de tacones de chicas que salían al baño sólo para atusarse el flequillo y volvían a entrar compitiendo para ver quién llamaba más la atención sin importarles absolutamente nada lo que ocurriera en el interior del salón de actos. A ellos les dio más por hablar por el móvil, saludarse efusivamente con los colegas, dar gritos en el pasillo contiguo, hablar por el móvil o quedar con los amigos, hablando de lado a lado del salón, para tapear después. Lo grave es que buena parte de estos chicos aspiran a ser maestros y a educar a los chavales del mañana. Sólo cabe esperar que no les eduquen con su ejemplo”.  

Y es que lleva razón. “Lento es el enseñar por teorías, pero breve y eficaz, por el ejemplo” escribió Séneca, frase que anima a actuar con coherencia y exigencia personal. Sólo quién refleja en su vida lo que cree está en disposición de poder educar con posibilidades de “éxito”.

Puede resultar bastante ridículo, por no decir estúpido, dedicar mucho tiempo y empeño a mejorar aspectos insustanciales y abandonar a la suerte o al azar otros más importantes. No es extraño, si olvidamos cuestiones prioritaria, que podamos avanzar en algunos aspectos intrascendentes al mismo tiempo que se pueda deteriorar la convivencia y los valores hasta extremos inquietantes.

Porque los hijos aprenden A sus padres, no solamente DE ellos, lo mismo que los alumnos aprenden A sus profesores y no solamente DE los profesores. Decía Emerson con absoluta claridad: “el ruido de lo que somos llega a los oídos de nuestros alumnos con tanta fuerza que les impide oír lo que decimos”. De modo que, sugiero yo, mejor que el ruido de lo que somos esté en sintonía con el sonido de los que decimos y lo que hacemos.

Cuentan que un profesor le escribe una nota manuscrita a un alumno en la hoja de examen. El alumno, que no entiende aquellas líneas, se acerca a él con el escrito y le dice:

-Profesor, no entiendo lo que ha escrito en mi hoja de examen.
El profesor le contesta:

-Ahí te digo que escribas con la letra más clara.

Y es que verdaderamente educamos como somos, no como decimos que los demás tienen que ser. No sólo me refiero a los profesores, sino también a los padres. Lo digo también de los que tenemos responsabilidades públicas. Trabajar de una manera proactiva por sociedad más justa implica asumir comportamientos honestos. Es imposible construir una sociedad mejor mintiendo, insultando y despreciando a los demás.

Dice el filósofo Emilio Lledó que “enseñar es una forma de ganarse la vida pero, sobre todo, es una forma de ganar la vida de los otros”. Y es complicado ganarse la vida de los otros únicamente metiendo en su cabeza datos y conocimientos inertes sino se enseña, al mismo tiempo, a pensar y a convivir. “Excelente es aquel que, enseñando poco, hace nacer un deseo grande de aprender”, dice Arturo Graf.

El dramatismo radica en que podría suceder que aquello que hacemos con más frecuencia o más intensidad no sólo no nos permite alcanzar lo que deseamos sino que nos aleja sistemáticamente de ello. Podemos saber en teoría qué es lo que queremos. Pero nuestra práctica puede no ajustarse a eso que queremos.

Una campaña televisiva en Australia sobre el tema de educar con el ejemplo (Make your influence positive) ha logrado un video interesante…

…Children see, children do

¡Es la Educación, amigo! 

 

Posteado por: Aquilino Melgar | Enero 8, 2009

La cama de Damastes

F. D. Rosas

Foto: F. D. Rosas

En la mitología griega, Damastes era un bandido y posadero del Ática. Tenía su casa en las colinas, donde ofrecía posada al viajero solitario, lo seducía y lo invitaba a tumbarse desnudo en una cama de hierro. Si la víctima era alta, Damastes procedía a serrar las partes de su cuerpo que sobresalían. Si por el contrario era más baja, la maniataba y descoyuntaba a martillazos hasta estirarla.

A veces, uno se pregunta si la escuela no será también un lecho de Damastes. Si en lugar de adaptar el currículum a las características de las personas, lo que se hace, como Damastes, es acomodar a las personas a un currículum único y homogeneizador. A costa, como no puede ser de otra manera, de evidentes e inaceptables torturas.

La escuela es un auténtico reino de la diversidad. Aunque oigamos decir que una clase es homogénea, se trata de una evidente exageración, cuando no de una flagrante falsedad. Porque nadie es igual que nadie. La escuela encierra hoy una diversidad cultural inusitada. Pero la diversidad no es sólo cultural. Hay diversidad en las capacidades, en los intereses, en las motivaciones, en las expectativas, en los estilos de aprendizaje… En definitiva, que no hay dos niños idénticos. Así, podríamos afirmar sin lugar a equivocarnos que el alumnado que acude a los centros escolares se puede dividir en dos grandes grupos: los inclasificables y los de muy difícil clasificación.

Es por eso que el principio de “atención a la diversidad” debe orientar todo el proceso educativo. La atención a lo diverso ha de establecerse no sólo como un principio pedagógico de la escuela, sino de toda la sociedad. Todos hemos de enseñar a los que se están formando lo que significa vivir en sociedad. En una sociedad cada vez más globalizada, compleja, cambiante y multicultural, y todos los niños y niñas, en todos los centros educativos, deben aprender a vivir y convivir en ella.

En ocasiones se ha considerado la diversidad como una rémora para el sistema educativo. En ocasiones se tiende a formar grupos lo más homogéneos posibles apartando a quienes muestran una diferencia (por arriba o por abajo) muy acusada. Si hay falta de preocupación por las diferencias no sólo nos podemos encontrar con un entorpecimiento didáctico sino con todo un atentado a la justicia. La “indiferencia hacia las diferencias transforma las desigualdades iniciales ante la cultura en desigualdades de aprendizaje decía el sociólogo Pierre Bourdieu. Si se exige por igual a quienes de partida son tan desiguales no hacemos otra cosa que establecer institucionalmente la injusticia.

En efecto, basta con ignorar las diferencias para que la misma enseñanza:

·         Propicie el éxito de aquellos que disponen del capital cultural y lingüístico; de los códigos; del nivel de desarrollo; de las actitudes; de los intereses; y de los apoyos que permiten aprovechar al máximo las clases y estar a la altura a la hora del examen.

·         Provoque, a la inversa, el fracaso de aquellos que no disponen de estos recursos, y que en tales condiciones aprenden en esencia que son incapaces de aprender, convenciéndose además que éste es el signo de su incapacidad más que el de la inadecuación de la escuela.

Cuenta la mitología que Damastes continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con Teseo, quien se dejó seducir, pero al entrar a la choza de Damastes lo «ajustó» cortándole a hachazos la cabeza y los pies.

¡Es la educación, amigo!

Posteado por: Aquilino Melgar | Diciembre 26, 2008

Por mí, que no quede

por-mi-que-no-quede

Foto: Miguel A. López Moreno

Una vieja leyenda persa cuenta que los dioses, al comienzo de los tiempos, dividieron la verdad en pequeños trozos que fueron repartidos entre todos los humanos de tal forma que para reconstruirla, inevitablemente, habría que juntar todos los pedazos que estaban en poder de cada una de las personas.

No hay parte insignificante, innecesaria. Todas resultan indispensables para reconstruir la verdad. Según esta hermosa leyenda, verdad y participación serían dos caras de una misma moneda. Y esta participación es no sólo un derecho de todas y cada una de las personas, sino un deber que permite reconstruir la verdad.

Hablaba en un escrito anterior sobre el compromiso y la corresponsabilidad en materia de Educación. Y la leyenda anterior ilustra de manera espléndida el concepto de ese compromiso compartido absolutamente necesario.

Es cierto y patente que no todos pensamos lo mismo sobre la sociedad, sobre la convivencia, sobre la educación. Pero también es cierto que todos nos podemos enriquecer en el diálogo, en el contraste, en la reflexión compartida.

Y hablamos de educación, es decir, de la mejor solución a los problemas de desigualdad, de violencia, de dominación y de ignorancia a través de la potenciación de una sociedad más justa mediante la formación de ciudadanos críticos, solidarios y competentes.

Una sociedad compleja, multicultural y tremendamente variable que representa un riesgo pero también un reto. Un riesgo al que hacer frente a través del reto de la educación.

Una sociedad esta, que reclama responsabilidades a los demás pero que elude las propias. Y la única solución para problemas complejos –la educación es uno de ellos– es que cada uno aporte su parte de responsabilidad.  Hizo lo que pudo”, éste es el epitafio que Max Aub escribió para su tumba. Un lema humilde y grandioso y que debería llevarnos a pensar en el título de esta entrada: “por mí que no quede”. Ese debería ser el eslogan para que en la larga carrera entre la educación y la catástrofe, como decía G. H. Wells, termine ganando la primera.

 

¡Es la educación, amigo!

Posteado por: Aquilino Melgar | Diciembre 24, 2008

Educar es compartir

Foto. Rocio Sanz

Foto. Rocío Sanz

 

El tratamiento, a menudo demagógico, del derecho que tienen los padres a la elección de la educación que quieren para sus hijos y que, en ocasiones, se pretende traducir en la elección de un determinado centro, no es algo nuevo y se suele reproducir cada cierto tiempo por ciertos colectivos o por responsables políticos asociados a una idea conservadora y clasista de la educación.

Ha ocurrido recientemente en Ceuta a través de un escrito de opinión del gabinete de prensa del Partido Popular que tuvo respuesta por mi parte, así como aprovechado para pescar por parte de UDCE y del PSPC y como elemento de análisis por parte de la prensa.

El requerimiento de la libertad de elección de centro, como si fuera un principio único y absoluto no es, desde luego, ninguna garantía de una educación equitativa y de calidad. Sobre todo, cuando hablamos de centros financiados con fondos públicos y, por tanto, sujetos a una normativa con la que se debe garantizar la igualdad de derechos para todos los niños y niñas. Convendría recordar que no sólo los padres son quienes educan, y que no son sólo los padres los responsables de la educación de sus propios hijos. Convendría recordar también, que es necesario por parte de las familias un compromiso con la educación de todos los niños así como una corresponsabilidad con el profesorado, las administraciones públicas, los medios de comunicación y el conjunto de la sociedad, puesto que una educación democrática debe responder a una labor colectiva.

Cuando alguien se empeña en centrar el debate de la educación en el derecho de los padres a la elección de centro, está ignorando el principio básico y democrático de igualdad: todos los niños y niñas tienen derecho a recibir una educación de calidad, y la primera obligación de la sociedad es garantizar a todos ese derecho. Quienes reducen el problema de la educación a la libertad de elección de centro –como si todos los padres gozaran de manera efectiva de dicha libertad-, no hacen sino defender que el Estado financie una situación de privilegio, ignorando los efectos desfavorables que semejante actuación puede tener para la convivencia, la cohesión social y la equidad.

Es necesario recordar, asimismo, que un objetivo de la Ley Orgánica de Educación (LOE) es conseguir una educación equitativa y de calidad para todos. Si ese objetivo es compartido por toda la sociedad, hemos de ponernos de acuerdo sobre los medios más adecuados para conseguirlo.

Si entendemos que la educación debe servir para preservar y representar de forma consecuente una sociedad democrática, entonces la autoridad educativa debe ser compartida por tres agentes sociales: el Estado, las familias y el profesorado. Como dice el conocido proverbio africano: para educar a un niño, se necesita toda la tribu. Si la democracia consiste en la distribución social del poder y no en su concentración autoritaria y dominante, la distribución de la responsabilidad educativa entre los distintos agentes sociales sostendrá la cohesión y la perduración de una sociedad democrática. Sólo cuando toda la sociedad se hace responsable de la educación de sus ciudadanos, puede mantenerse como una sociedad plural y al mismo tiempo cohesionada.

Y esa educación democrática debe incluir, de manera efectiva, la no discriminación. No se puede excluir de la escolarización de ningún centro que esté sostenido con fondos públicos a nadie, por el mero hecho de no compartir nuestras creencias, nuestra forma de vida o nuestro estatus social. No se pueden crear guetos educativos, la escuela no puede ser un lugar de segregación social. Una concepción democrática de la educación debe basarse en la exigencia de compartir los derechos y deberes de la ciudadanía. No sirve la filosofía del sálvese quien pueda.

Resulta triste comprobar cómo mucha gente habla de la excelencia de una sociedad multicultural pero carece, en la práctica, del sentido y el valor de lo compartido, de lo que es común a todos. Impera en esa gente un pensamiento caracterizado por la visión de los intereses individuales, haciendo del más mezquino egoísmo una norma principal de la vida en sociedad. Puede ser ésta una de las razones que lastre al sistema educativo. Porque educar, hay que insistir en ello, es enseñar a compartir, a convivir, a aprender de los otros y a cuidar de todos y de todo lo que nos rodea.

¡Es la educación, amigo!

 

 

 

Posteado por: Aquilino Melgar | Diciembre 22, 2008

El “efecto Mateo”

Escrito en Sinapsis en diciembre de 2007

Alfonso Vázquez

Foto: Alfonso Vázquez

Llega la navidad, y con ella, la época más fructífera en cuanto a limpieza de conciencias se refiere. «-Sea bueno, buenísimo, durante estas vacaciones navideñas. Consuma todo lo consumible, pero no olvide que hay gente que no puede disfrutar de la misma manera». Y entonces, con el pago de un vale por 1 kg de alimentos para el tercer mundo, apadrinando un niño de un remoto país, entregando la ropa que no nos cabe en los armarios (ni en los cuerpos), y otras similares estrategias, quedamos limpios de conciencia por todo un año y vacunados contra lo que ya no es ni siquiera noticia.

 «En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, y se ausentó. El que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que había recibido dos ganó otros dos. El que había recibido uno se, cavó un hoyo en tierra y guardó el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor y ajusta cuentas. El que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco: “cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado”. El de los dos talentos dijo: “dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado”. El que había recibido un talento dijo: “sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y guardé en la tierra tu talento. Aquí tienes lo que es tuyo”. Su señor le respondió: Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará». (Mateo 25, 14-30)

 ¡Ay Mateo, que te veo!

Hay un fenómeno sociológico, inicialmente aplicado al ámbito de la investigación científica, que se denomina efecto Mateo y que tiene como referencia al texto citado del evangelio. En síntesis, el efecto Mateo radica en el hecho de que los investigadores científicos ilustres cosechan más cumplidos que otros investigadores menos conocidos, por aportaciones equivalentes. De la misma forma, quienes han publicado anteriormente sus investigaciones, logran con mayor facilidad que revistas científicas de importancia publiquen sus trabajos. Se trata, dicen algunos, de un fenómeno de sobrevisibilidad de algunos que, inevitablemente, provoca un fenómeno paralelo de invisibilidad en otros.

¡Ay Mateo, que te veo!

Porque aquí se encuentra la aplicación del efecto Mateo en otros ámbitos en los que resulta palpable la desigualdad social. Miguel A. Santos, presenta un claro ejemplo en el entorno escolar:

«Una escuela que sale mejor evaluada adquiere prestigio social lo que hace que más alumnos acudan a ella. Esta escuela tiene posibilidades de hacer una mejor selección tanto de los alumnos como de los maestros y por lo tanto aumentar sus posibilidades objetivas de obtener mejores resultados en evaluaciones posteriores».

La sociedad en la que nos movemos, ya sea considerada a nivel global o local, genera un aumento de las desigualdades sociales en torno a este efecto Mateo. Socialmente se consolida una fragmentación del mercado laboral y un reparto desigual del trabajo entre la población, ante la existencia de un segmento de la misma con alta cualificación y otro segmento inferior con baja cualificación que sufre una gran inestabilidad laboral y una amenaza creciente de exclusión social.

Educativamente ocurre algo parecido: quien ha pasado más tiempo en las aulas tiene más oportunidades que otra que no ha podido seguir una trayectoria académica. De nuevo el efecto Mateo. Apliquemos el mismo efecto a lo que ocurre en este globalizado mundo, entre distintos países, y no nos sorprenderemos de ver a Mateo por todas partes.

 «Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará»

¡Ay Mateo, que te veo!

¡Es la Educación, amigo!

Posteado por: Aquilino Melgar | Diciembre 10, 2008

Apertura de curso en “Los Rosales”

Miguel A. López Moreno

Foto: Miguel A. López Moreno

Acto celebrado el pasado 4 de octubre
en el Centro Penitenciario de ‘Los Rosales’ – Ceuta

Es muy probable que alguna vez hayáis oído decir de manera despectiva: -“este es un intelectual”.  Es muy fácil descojonarse de los intelectuales…  Hay una imagen de ellos que no suele ser de cachas, de gente que no les gusta meterse con nadie… que no les motivan las demostraciones de fuerza, ni las medallas, ni los cochazos… De modo que sí, es muy fácil meterse con los intelectuales… A veces es suficiente con romperles las gafas, quitarles el libro de las manos, tal vez la guitarra, o el bolígrafo, y ya no dan pie con bola, los muy gilipollas… Pero no olvidéis que la primera cosa que suelen hacer los dictadores es precisamente eso: romper gafas, quemar libros o prohibir conciertos. Les sale barato y les evita problemas… Pero dejadme que os diga que si ser intelectual significa que a uno le guste aprender, ser curioso, atento, admirar, emocionarse, tratar de comprender cómo funcionan las cosas e intentar irse a la cama un poco menos estúpido que el día anterior, entonces sí, entonces yo confieso mi condición de intelectual y cualquiera de vosotros que piense igual debería hacer lo mismo y sentirse orgulloso de ello…

Tenéis privación de libertad física. Es un hecho. Pero hay una privación de libertad que no es impuesta, que es propia, que es de uno mismo. Es la libertad de pensamiento, la libertad de conocer, la libertad de emocionarse. Ser preso de uno mismo, en este sentido, es añadir a la privación de libertad física, algo que nadie se merece.

Estas son palabras de un interno, como vosotros…

a veces llueve

y te quiero

a veces sale el sol

y te quiero

la cárcel es a veces

siempre te quiero

 

Quien es capaz de decir esto, ni tiene la voz rota, ni apagado el corazón, ni es preso de sí mismo. Quien no es capaz de sentir lo que dice este interno es posible que jamás se haya reclinado sobre la primera línea de la primera página de un libro.

Porque los libros son puertas que os llevan a la calle. Con ellos vais a aprender, os ayudarán a viajar, a soñar, a imaginar, a vivir otras vidas… a multiplicar vuestras vidas por mil. A ver qué cosa os da más por menos. Y también os servirán para tener a raya cosas malas, fantasmas, soledades y otras mierdas.  Y os aseguro que no se trata sólo de leer libros, sino del placer físico y el consuelo interior que da tenerlos en las manos.

Soy una persona que respeta el hecho religioso, pero no soy religiosa. Hay una frase ligada a la religión que dice “la verdad os hará libres”. Complicado esto de la verdad y las creencias… Pero yo sí creo en que el conocimiento os hará más libres porque os permitirá mayor capacidad de decisión.

Os confieso que no me gustan demasiado las personas que están de vuelta de todo, que creen saberlo todo, que se consideran en posesión de la verdad. Admiro a las personas que siempre muestran deseos de aprender y de ser mejores. Creo que esa es una excelente muestra de inteligencia y de humanidad.

Todos podemos aprender de todos. Todos podemos aprender de todas las situaciones, de todas las cosas, de todos los libros y en todos los momentos. Para ello hace falta tengamos los ojos educados para ver y la mente despejada. Es necesario tener dudas para poder buscar respuestas. La historia, la cultura, la ciencia, la vida… han avanzado a través de preguntas nuevas o de antiguas preguntas que se han vuelto a hacer.

«Sólo sé que no sé nada», decía Sócrates. Seguramente habréis oído esta frase.

Otro filósofo, Nicolás de Cusa, hablaba de la ‘docta ignorancia’. Se refería a la enorme sensación de desconocimiento que tiene la persona que sabe mucho.

Os lo trato de explicar con un ejemplo. Imaginaos que llevamos con nosotros una caja. El interior es lo que sabemos y lo que creemos desconocer es la superficie externa de la caja. Si la caja es pequeña, el conocimiento es mínimo pero la sensación de ignorancia de conocimiento es también pequeña. La sensación que tiene esa persona de lo que no sabe es mínima. Si alguien sabe más (el interior de la caja es mayor), la impresión que tiene de ignorancia es también más grande: la correspondiente a la superficie que rodea la caja de su saber. Y si sabe mucho más (pensemos en una caja enorme), la persona tiene una impresionante sensación de ignorancia porque la superficie de contacto con la caja es muy grande. Por eso los sabios son humildes. Por eso los necios suelen ser presumidos.

Creer que se sabe todo es un error que condena a la persona a la ignorancia. No poner en cuestión lo que se sabe es instalarse en la pobreza intelectual. Hay quien confunde pereza de pensamiento con firmes convicciones. Por eso no lee, no se informa, no consulta, no aprende. La persona que se instala en la incertidumbre vive con un cierto desasosiego, con una curiosidad inquietante. La duda es un estado incómodo, pero la certeza, es un estado intelectualmente ridículo.

Recuerdo una frase cinematográfica en la que el protagonista decía: “hay una vida para aprender y otra para vivir de lo aprendido”. Cada vez estoy más convencido de que debemos prolongar todo lo posible la primera de ellas. Tal vez, si llevásemos la ‘L’ de aprendiz a la espalda, como en los coches, recordaríamos que tenemos que aprender, que siempre somos principiantes.

Ojalá que el aprendizaje os depare un futuro mejor y que nosotros podamos contribuir a ello.

Posteado por: Aquilino Melgar | Diciembre 7, 2008

It’s the education, stupid!!

Foto. Jose A. Martin Soriano

Foto. Jose A. Martín Soriano

It’s the economy, stupid!

Esa fue la famosa frase de James Carville, que utilizó Bill Clinton en la campaña de 1992 para explicar que las preocupaciones de los estadounidenses tenían que ver con la situación de la economía y con el modo en que ésta se traduce en bienestar social.

Desde entonces, la frase se ha adaptado no pocas veces a otros contextos. Especialmente me interesa el educativo. It’s the education, stupid!! Demasiadas veces, ante problemas que surgen en la sociedad, me viene a la memoria: ¡es la Educación, estúpido!

Por ejemplo, cuando leo titulares de la prensa de hoy mismo:

Y así podríamos seguir…

No es difícil comprobar, no obstante, como su utilización ha servido de soporte a distintas argumentaciones. Basta dar un paseo por la Red. Me quedo con la idea de mi admirado Miguel Ángel Santos Guerra:

¿Podríamos ponernos de acuerdo en cuestiones tan fundamentales como las que se refieren a la educación, es decir, al futuro de los ciudadanos y de la sociedad? Para ello tendremos que hablar, argumentar y escuchar con respeto. Bienvenido el debate. Un debate sin sectarismos, sin desprecio a los demás, sin fundamentalismo pedagógico o político. El acaloramiento irracional lleva a situaciones embarazosas. Como ésta que reproduce una conversación impetuosa:

Me parece que estoy discutiendo con un estúpido, dice uno de los que dialogan.

Tú sí que estás discutiendo con un estúpido, contesta irritado el interlocutor.

¡Es la Educación, amigo!

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