Posteado por: Aquilino Melgar | Noviembre 15, 2009

Trampantojos

_Trampantojos

Foto: A. Melgar

A veces tengo la sensación de que el tiempo es como un puñado de arena entre mis manos que no soy capaz de retener. Se me escapa por entre los dedos y no sé si esa arena sirve para construir algo o simplemente fluye entre esos dedos, sin más, sin poder observarla y pararme a pensar sobre ella, a jugar con ella. A construir un castillo que, aún de arena, al menos puede tener la virtud de lo estético.

Y hablando de estética y de tiempo, hoy hago un intento de retomar este Blog, aparcado desde un abril en el que los espacios se achicaron, el tiempo se contrajo, la emoción hubo de comprimirse y el resultado es de ocho meses en un suspiro y un tirón de orejas público de Gonzalo Testa en prensa y en privado de mis amigas África y Verónica.

Y voy a hacer ese intento, preparando una trampa estética, una serie de trampantojos que me eviten ese salto vacío, antiestético que va de abril a noviembre. De modo que no se considere como tal la trampa, sino sólo un juego estético, un Trompe l’oeil al descubierto como esas partidas de ajedrez que, partiendo de la posición final, hay que desarrollar hacia atrás. 

“Desde antiguo estamos ‘habituados a mentir’ o para expresarlo de modo más virtuoso e hipócrita, en suma, más agradable: somos mucho más artistas de lo que sabemos”.

(Nietzsche)

La estética se refiere a lo que afecta a nuestros sentidos. Y en toda afectación ya hay una historia y, por lo tanto, el lobo siempre anda enseñando las orejas y tratando de engañar a Caperucita. ¿Lo conseguirá?

 

–  Abril –

Me puede la cuestión de las expectativas. Sobre uno mismo y sobre los demás. En ambos casos pueden llegar a condicionar de una manera determinante el comportamiento. La autoconfianza, el creer en lo que uno hace, no dejan de ser elementos paralelos de la misma cuestión.

En Pigmalión y Galatea, apuntaba ya esta misma cuestión que no me cansaré repetir. En esta ocasión, lo hago en “Algo muy grave va a sucederle a este pueblo”, un giro más, insisto, sobre una cuestión de vital importancia para los procesos de enseñanza y aprendizaje y, por qué no, para la vida cotidiana.

–  Mayo –

Del 27 al 30 del pasado mes de abril, se celebró la IV Muestra de Formación Profesional en el patio de armas de las Murallas Reales. Magnífico escenario que contó con una gran asistencia y una puesta en escena extraordinaria gracias a la colaboración del alumnado y profesorado de las distintas familias profesionales. En el acto inaugural pronuncié unas reflexiones recogidas en “Quien vale, vale, y quien no, a FP“.

–  Junio –

Ya había estado en Los Rosales a comienzos de curso, haciendo la inauguración oficial del mismo. Me sentí a gusto hablándole desde el respeto y la consideración que me merecen quienes tratan de poner algo de orden a su vida. Era mi intención volver el día de la clausura que se produjo en el mes de junio. Lamentablemente no pudo ser. Otras obligaciones me retenían fuera de Ceuta. Les envié un texto que titulaba “Si te comes un limón sin hacer muecas…

–  Septiembre –

Comienza un nuevo curso escolar. Siempre, con independencia de matices diferenciales de un año a otro, celebrar lo que no deja de ser un motivo de alegría del logro social que representa. De literatura y música, en relación al mensaje de un querido amigo y compañero, da pie a hablar sobre ello.

En septiembre asisto a un encuentro de Centros UNESCO. Ello me da pie a reflexionar sobre Educación y Derechos Humanos.

–  Octubre

La situaciones complicadas requieren soluciones complicadas. No terminan de funcionar las recetas sencillas, ni análisis simplificados, ni la falta de imaginación. Por eso entiendo que hay que dar la bienvenida a iniciativas innovadoras y participativas. El problema, es cuando te encuentras frente al derrotismo, frente a ese análisis que te dice: “lo que hace falta, simplemente, es…“. ¡Lástima!

Y en esa línea de participación, se encuentran las familias. Sus movimientos asociativos cuentan más con el voluntarismo de unos pocos y abnegados padres y madres, que con una real y masiva participación ciudadana. Pero hay que seguir insistiendo en esa importante línea. Se celebró en octubre una Jornada organizada por la FAMPA en la que hablé de la inocencia de las palabras.

Posteado por: Aquilino Melgar | Octubre 10, 2009

La inocencia de las palabras

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_La inocencia de las palabras

Foto: Sergio Martín Melgar

Las palabras no son inocentes. Esto es algo que saben los periodistas, los escritores, los filósofos, incluso los vendedores. Y no son inocentes porque tienen historia, tienen filias y fobias, tienen afinidades, tienen carga simbólica, afectiva, ideológica… En un texto, cualquiera que éste sea, no da lo mismo una palabra que otra, por mucho que el diccionario nos diga que son sinónimos. Decía Kapuscinski que el comienzo de las guerras no lo marca el primer disparo con un arma de fuego sino el cambio del lenguaje. El lenguaje del odio llega antes que las bombas.

De ahí que  debamos tener mucho cuidado en manejar algunos términos, como por ejemplo “acoso escolar”, sin que por ello, evidentemente, tengamos que renunciar a describir o informar sobre esta situación dramática cuando así se comprueba.

Del mismo modo, términos como “respeto” y “autoridad” son a veces confundidos con “sometimiento” o “autoritarismo”.

Por otro lado, hay términos que no se dejan oír lo suficiente. Hasta hace no demasiado tiempo aún no habíamos sumado a nuestro léxico, y por tanto a nuestro imaginario, conceptos tales como “equidad”, “homofobia”, “brecha digital” y tantos otros. Es fundamental comenzar a nombrar las cosas para que las cosas existan, aunque sea como carencia, como aquello que queremos alcanzar y aún no hemos logrado.

Por eso vuelvo a insistir en que las palabras no son inocentes ni impunes, como dice Saramago; y el hecho de hablar de ‘violencia escolar’ en lugar de ‘convivencia escolar’ tiene, irremediablemente, consecuencias negativas para la propia convivencia y sobre el tipo de soluciones a los conflictos que de manera inherente se producen en el desarrollo de la misma.

No pido esconder nada. Sólo pido que tengamos cuidado con las palabras, y con las informaciones ya que, a veces, se alejan de la solución y pueden terminar por agravar una situación en lugar de mejorarla.

 

En efecto, “respetar es educar”, de la misma forma que “educar es respetar”.

Estamos en una Ciudad donde la multiculturalidad es un hecho. La interculturalidad, en cambio, es una construcción constante. Hablar de convivencia escolar y de interculturalidad es hablar de educación inclusiva. Y eso no es otra cosa que hablar de un proceso de humanización y, por tanto, de respeto, de participación y de convivencia.

 Así debe ser el espacio educativo: un lugar donde se respeta al otro como legítimo otro, un lugar donde todos participan juntos en la construcción del conocimiento. Pero ¿cómo se aprende a convivir? Sencillamente conviviendo. La vida democrática en el aula no se impone sino que debe nacer de la convivencia y del respeto mutuo. Si quiero que me respeten, debo empezar por respetar a los demás. Educar es respetar al otro como legítimo otro en la convivencia. Y esta convivencia se construye día a día. El alumno se transforma en la convivencia pero también en los deseos que tengamos de compartir cosas juntos. A partir de esa premisa, hemos de abrir espacios donde nuestros deseos e intereses se encuentren y coincidan con los de los de los otros.

Entiendo, por tanto la convivencia en el aula, como ‘un tender la mano’ y si es aceptada, la convivencia se produce. Ahora bien tender la mano es un acto de confianza porque acepto convivir con otro. La confianza es el fundamento de esa convivencia. Educar es, por tanto, convivir. Es necesario un proyecto educativo que nos enseñe a convivir.

Hablar de educación intercultural es hablar educación inclusiva, una educación desde la diversidad. Tenemos que ser capaces de convertir los espacios educativos espacios de respeto, de convivencia y aprendizaje. Aprendamos a convivir construyendo una escuela sin exclusiones.

Transmitan a los padres y madres que sean cómplices de los profesores. Es un ruego que he hecho siempre desde la Dirección de un centro educativo y que ahora reitero desde la Dirección Territorial y en un foro más amplio. Hacerse cómplices de los profesores no significa renunciar a la crítica ni a la petición de explicaciones, pero nunca critiquen a un profesor ante sus hijos. La tan repetida y necesaria autoridad del docente empieza a perderse en situaciones de ese tipo. Participen, aporten su visión, pero no hagan que se resienta una autoridad que es fundamental para la educación de sus hijos.

Me consta el ánimo de los que participáis de manera asociada en los centros, las dificultades por las que pasáis y el poco respaldo,  a veces, que tenéis de otros padres y madres. De ahí mi deseo final de que estas Jornadas no sólo sirvan para una actualización y puesta en común de todos los participantes, sino que sean capaces de transmitir la necesidad, verdadera necesidad, de una mayor y más efectiva participación de las familias en una tarea compartida con los docentes en la educación de sus hijos.

Las palabras no son inocentes. Si utilizamos “castigo” en lugar de “corrección”, jamás se interiorizará ésta. Lo mismo ocurre con “expulsión” frente al concepto de “pérdida del derecho de asistencia a clase”. “Quien la hace la paga”, no puede prevalecer sobre las “consecuencias de los actos”

Posteado por: Aquilino Melgar | Octubre 1, 2009

Derrotismo

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_Derrotismo
Foto: A. Melgar

El pueblo de Cerro Chato nunca tuvo ningún cerro, ni chato ni puntiagudo. Pero Javier Zeballos recuerda que Cerro Chato sí tenía, en los tiempos de su infancia, tres comisarios, tres jueces y tres doctores.

Uno de los doctores, que vivía en el centro, era la brújula de los mandados. La mamá de Javier lo orientaba así:

–“De la casa del Doctor Galarza, vas dos cuadras para abajo”.

–“Esto queda en la esquina del Doctor Galarza”.

–“Anda a la farmacia que está a la vuelta del Doctor Galarza”.

Y allá marchaba Javier. A cualquier hora que pasara por allí, con sol o con luna, el Doctor Galarza estaba siempre sentado en el zaguán de su casa, mate en mano, dando cumplida respuesta a los saludos del vecindario, “buenos días, Doctor”; “buenas tardes, Doctor”; “buenas noches, Doctor”.

Ya Javier era hombre crecido, cuando se le ocurrió preguntar por qué el Doctor Galarza no tenía consultorio médico ni estudio jurídico. Y entonces se enteró. Doctor no era: se llamaba. Así había sido anotado en el Registro Civil: Doctor de nombre, Galarza de apellido.

El papá quería un hijo con diploma, y aquel bebé no le pareció digno de confianza.

Bocas del tiempo – Eduardo Galeano

Ha comenzado un nuevo curso escolar y es necesario celebrarlo con optimismo. A veces no caemos en la cuenta del avance social que representa y el modo en que deberíamos abordarlo a pesar de las circunstancias adversas que sobrevuelan siempre al panorama educativo.

Lo contrario, entregarse al pesimismo, abordar la tarea educativa arrastrada como un castigo, la convierte he un hecho insufrible. Vivirla con entusiasmo, en cambio, resulta apasionante. Pero para que ello sea posible, es necesario amar esa tarea educativa. Los alumnos tienen un fino sentido que les permite conocer perfectamente qué profesores se preocupan de verdad por ellos.

No hay duda de que existen numerosas piedras en el camino que dificultan el aprendizaje y la mejora. Otras piedras se llevan en el morral: la rutina, la falta de pasión, el cansancio, la pereza, el individualismo y, sobre todo, el pesimismo.

La tarea educativa se basa en el hecho de que el ser humano es susceptible de mejora. Negar este principio, debería inhabilitar para el ejercicio de la profesión docente. La posibilidad de mejorar se rompe, precisamente, cuando pensamos que los alumnos no pueden aprender y que nosotros no les apodemos ayudar a conseguirlo.

“En cuanto educadores no nos queda más remedio que ser optimistas. Y es que la enseñanza presupone el optimismo tal como la natación exige un medio líquido para ejercitarse. Quien no quiera mojarse, debe abandonar la natación; quien sienta repugnancia ante el optimismo, que deje la enseñanza y que no pretenda pensar en qué consiste la educación. Porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima… Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros”.

(Fernando Savater)

Por tanto, la tarea educativa es imposible abordarla si no es desde el optimismo. No se puede concebir ni ejercer desde el derrotismo dado que pierde su sentido más profundo. Y sin embargo, en determinados casos o en determinados momentos, se vive esta tarea desde un intenso pesimismo del presente viviéndolo como una clara premonición negativa de futuro.

Al iniciarse el curso escolar, un enorme colectivo de profesionales de la educación se pone en acción haciendo posible la iluminación del pensamiento, el acceso al conocimiento y el aprendizaje de la convivencia. Pertenecer a esa legión de hombres y mujeres que lo posibilitan debería ser fuente de optimismo y esperanza.

Hay formas diferentes de abordar las dificultades. Se puede hacer desde la perspectiva de la maldición o desde la del reto permanente. Las dificultades de la tarea educativa (grupos grandes, atención a la diversidad, condiciones no óptimas, presión externa, escasa valoración social, problemas de disciplina, etc.) se pueden vivir de manera estimulante o de forma amarga y derrotista.

“Enseñar es un ejercicio de inmortalidad. De alguna forma seguimos viviendo en aquellos cuyos ojos aprendieron a ver el mundo a través de la magia de nuestra palabra. Así, el profesor no muere nunca…”

(Rubén Alves)

Es necesario abrir las puertas en la escuela a la esperanza y al optimismo. Se hace necesario afrontar las dificultades desde una actitud positiva, con estilo fresco y capacidad de reacción, sin que por ello se deba perder la exigencia pero con una actitud más positiva. “Menudo disgusto me voy a llevar mañana cuando me levante”, se dijo un astuto optimista cuando recibió una mala noticia antes de acostarse.

Creo que sobran ejemplos para ilustrar que la misma tarea, en las mismas condiciones, es vivida de manera distinta desde una actitud positiva. No es necesario insistir en las ventajas que posee esa actitud optimista para los profesionales de la educación y para sus alumnos. Todos hemos visto como en dos aulas separadas por un fino tabique, con el mismo ministerio, la misma ley, la misma inspección, la misma dirección y los mismos alumnos, sólo separados por el azar de una inicial del apellido, trabajan dos profesionales con actitudes radicalmente opuestas. Uno entusiasmado y feliz. El otro amargado… Y los resultados, en ellos mismos, y en los demás, son distintos.

No resulta nada fácil vivir esta tarea desde la decepción y el derrotismo. He visto a profesores acudir a un centro educativo los lunes de mañana con la actitud de aquel condenado a muerte que iba el unes camino del patíbulo diciendo: “mal empieza la semana”. Resulta penoso.

Dice Santos Guerra que “la esterilidad de la pedagogía del lamento, de la maldición y de la desesperanza lleva al progresivo deterioro emocional y a la relación frustrante. Actuar con la autoestima destruida, asentar la práctica sobre profecías destructivas es abonarse al fracaso permanente.” Por eso es necesaria la invitación al optimismo en cada comienzo de curso. La tarea de la educación tiene siempre enormes dificultades pero merece la pena.

Cuentan de Edmond Rostand, quien creara el inolvidable Cyrano de Bergerac, que al cumplir los ochenta años, se miró al espejo y dijo: “Desde luego, los espejos ya no son lo que eran”. Se equivocaba, claro. Pero, ¿no se equivoca de una manera más dramática la persona de veinte años que se mira al espejo y exclama: “Soy un pellejo inservible”? De equivocarnos, es más inteligente hacerlo como el escritor francés. Seguro.

Posteado por: Aquilino Melgar | Septiembre 15, 2009

Encuentro UNESCO

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_Encuentro UNESCO
Foto: Centro UNESCO de Ceuta

En enero de 2007 disfruté en Granada de una magnífica conferencia de Federico Mayor Zaragoza. Bastaría, decía, la visión de la muerte de un solo niño por hambre, para que cambiáramos nuestra forma de pensar y de actuar. Pero el conocimiento de lo ordinario, de lo que pasa de ordinario en muchas partes del mundo, no se traslada a los medios de comunicación. La muerte de un niño por hambre ha dejado de ser un hecho extraordinario y noticiable. Estamos absolutamente distraídos…

La gran transformación pendiente es la de caminar desde la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. De la ley del más fuerte a la comprensión, al diálogo, a la escucha, al convencimiento de que hablando se entiende la gente. La aplicación en nuestra vida cotidiana de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es crucial: en el momento en que se tenga este convencimiento, el mundo puede cambiar y ofreceremos a nuestros hijos un futuro diferente.

“Todos los seres humanos son libres e iguales”, ¡Qué maravilla! –decía Mayor- La Declaración Universal de los Derechos Humanos representa una pauta que puede unirnos a todos en los grandes conceptos de libertad, justicia, igualdad Esto es realmente la Cultura de la Paz: convencernos de que la fuerza está en la palabra y no en las armas.

Me gustó mucho la referencia a la educación, a la necesidad del conocimiento. Ser atrevido sin tener conocimiento puede ser peligroso; tener conocimiento y no actuar en consecuencia, no sirve de nada, vino a decir. Tenemos que pensar y tenemos el derecho y la obligación de expresar lo que pensamos, lo que nos parezca oportuno, porque esto es ser educado.

Ser educado es llevar a cabo nuestras propias reflexiones, como sencilla y brillantemente decía Giner de los Ríos: “Ser educado significa dirigir con sentido la propia vida”, y dejar de una puñetera vez de creer sólo en aquello que es noticiable, dejar de estar distraídos, adormecidos, atontados, porque nos pasamos el día delante de la pantalla siendo meros receptores. ¿Participamos o miramos de manera resignada a ver qué pasa?, y ¿qué es lo que pasa? Que nos cuesta digerir la realidad. Lo advirtió Martín Luther King: “Nuestras vidas empiezan a acabarse el día que guardamos silencio sobre las cosas que realmente importan”.

Estoy convencido que Encuentros como el que hoy da comienzo, suponen un compromiso con estos ideales y un trabajo para hacerlos realidad sobre el terreno, convirtiéndose en factor clave para la educación de los ciudadanos.

Hagamos el esfuerzo de no distraernos, de no ocuparnos en exceso en cosas urgentes y secundarias y de estar preocupados con noticias que proporcionan una visión incompleta pero llamativa de la realidad. Hagamos ese esfuerzo individual y colectivo.

Un esfuerzo por construir la paz en la mente de los hombres mediante la educación, la cultura, las ciencias naturales, sociales y la comunicación. Sólo así podremos tener una verdadera y sólida esperanza de un futuro mejor.

Posteado por: Aquilino Melgar | Septiembre 8, 2009

De literatura y música

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_De literatura y música
Foto: Sergio Martín Melgar

Mi amigo Antonio Huertas me envió una tarde un correo cuyo asunto era: “de literatura y música”. En el cuerpo, el siguiente mensaje:

Un chorro de aire fresco y música para ver si se desarrolla un poco más. Quien no lo entienda que pregunte

Adjunto al mensaje vienes dos archivos:

  1. El artículo “Sobre la enseñanza
  2. Un mp3 con la sonata de Mozart para 2 pianos en Re Mayor KV. 44835a II.

Pongo la música y me dispongo a leer el texto:

LOS PUNTOS SOBRE LOS I.E.S. de Enrique García-Maiquez

En los medios de comunicación, a comienzos de curso, los institutos de enseñanza secundaria están en boca de todos. Luego parece que se olvidan. Como profesor, tengo comprobado que en realidad la preocupación por la enseñanza va más allá de estas semanas inaugurales. Sin duda, hay profesiones con más empaque, como notario o ganadero de reses bravas, y, sin embargo, es rara la reunión en la que no se me pregunte con vivo interés por los problemas educativos. Podría pensarse que yo, hábil egocentrista, me llevo el toro de la tertulia a mi terreno, pero eso sería injusto con mis amigos y conocidos que, a pesar de su enorme admiración por los notarios, saben bien dónde está la delgada línea roja.

Mientras que al Imperio Romano lo arrasaron las invasiones de los bárbaros, a la civilización occidental la está carcomiendo lo que Rathenau llamaba una “invasión vertical”: la de la zafiedad triunfante en todos los órdenes de la vida, aún más letal que una inmigración descontrolada. Si eso es verdad, y lo parece, las escuelas y los institutos son los heroicos puestos fronterizos que defienden a Occidente de su decadencia y caída. No quiero decir –no se me malinterprete– que los alumnos sean hordas de Atila. Al contrario, ellos, con nuestra ayuda, son los protagonistas de la batalla por la cultura contra la ignorancia y la indolencia.

Ahí nos jugamos el futuro, pero también la actualidad, porque los estragos de la mala educación son instantáneos. En una formación deficiente tienen su raíz la mayoría de los conflictos que nos aquejan (…).

Si el principal problema de la sociedad es la enseñanza, al revés sigue siendo cierto: el principal problema de la enseñanza es la sociedad. Qué complicado educar en el amor a la sabiduría, en la honradez, en el trabajo serio y en el respeto a las normas de convivencia cuando aquí no se valora más que (vean, vean la televisión) el placer, el dinero y la fama fácil. Como el paño de Penélope, lo que por las mañanas se teje en el instituto es destejido por las noches. Este círculo vicioso puede convertirse en un remolino que chupe la moral de los profesores, la voluntad de los alumnos y hasta las ilusiones de los padres. Protestar contra las leyes de educación es, por supuesto, muy justo y necesario, pero la solución a nuestro alcance está, como siempre, en lo personal: cada profesor ha de transmitir a cada alumno que su enemigo no es el esfuerzo, sino la estulticia, que la inteligencia no es un estigma y que el saber sí ocupa un lugar: el primero. Ánimo a todos.

Le respondo a mi amigo Antonio:

“Gracias por el envío. Naturalmente he puesto la música para leerlo y lo acompaña a la perfección. El tema es algo a lo que en numerosas ocasiones he dado vuelta, expresado de manera sencilla pero contundente. Yo lo llamé en mi Blog (algún día lo abriré para los curiosos) ‘el triunfo de la ordinariez’ y viene a querer decir, tal vez de manera más torpe, exactamente igual a lo leído en este artículo. Y es cierto, también, que tiene posibilidades de más desarrollo. Desgraciadamente, muchas más posibilidades.

Un abrazo”

Así lo veo. Es el mismo triunfo de la ordinariez, de la zafiedad, de la ineducación -si tal palabro existe-.

Antonio responde a mi mensaje:

“Quiero conocer ese Blog. No tardes, piensa que yo no tengo futuro. No temas, me es gratificante, me quita una gran cantidad de preocupaciones.

Por cierto, como no vienes los miércoles, no te enteras. El desarrollo al que me refiero es el de la inteligencia. En los estudios que estoy realizando ahora proponían este concierto para la audición por los bebés, porque eso es muy estimulante. Guárdalo que ya mismo te va a servir.

Un abrazo.”

¿Que ya mismo me va a servir? ¡¡¡Pablo, no me jodas…!!!

Y comienza un nuevo curso escolar…

Posteado por: Aquilino Melgar | Junio 23, 2009

Si te comes un limón sin hacer muecas…

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_Si te comes un limón sin hacer muecas…
Foto: Alfonso Vázquez

Texto para la clausura del curso escolar en “Los Rosales”

En mi primera visita me dirigí a vosotros con la intención de reflexionar sobre la libertad propia, la no impuesta, la de uno mismo. La libertad de pensamiento, de conocimiento y, sobre todo, la libertad de emocionarse. Por eso traté de hablaros con el corazón y transmitiros el mensaje de que no fueseis presos de vosotros mismos. Me alegró comprobar, por vuestras respuestas plasmadas en el periódico educativo, que habíais captado el mensaje.

Porque el conocimiento, siendo elemento fundamental para la libertad individual es, además, camino de satisfacción personal y camino a la felicidad. Pobre de quien crea que ésta última, la felicidad, se encuentra en el placer momentáneo, porque de él sólo se deriva una felicidad efímera. Pobre del que crea que puede mantener esa felicidad efímera de manera permanente, porque se estará engañando y cogiendo equivocados y peligrosos atajos que conducen irremediablemente a un efecto contrario.Os cuento una experiencia: ratones encerrados en celda individuales que reciben de manera aleatoria descargas eléctricas. Uno de ellos tiene una palanca y llega a asociar el hecho de que pulsándola puede no recibir esa descarga, como así ocurre, pero sólo de manera casual. El hecho es que la palanca no evita nada y al final todos reciben el mismo número de descargas y acaban muriendo. La diferencia es que el que creía que podía controlarlas, aquel que esperaba que con sus acciones podría tener menos castigo, vivió más tiempo.

Interesante reflexión la que se puede extraer de la experiencia anterior puesto que es precisamente la espera de un acontecimiento satisfactorio, la elaboración de un proyecto de acción, el que termina llevando a un mejor resultado. La felicidad, como dice Eduardo Punset, se encuentra “en la sala de espera de la felicidad”.

Dejad espacio para el conocimiento informado y no desesperéis porque merecerá la pena. Plantearos un proyecto de vida por muy difícil que sea vuestra situación actual. No lo dudéis y poned manos a la obra.Os hablaba en mi anterior ocasión de la lectura. Os prometo que os enviaré un pequeño libro cuya lectura os recomiendo. Un libro de breves relatos en el que se alcanza el final en poco tiempo, pero que tiene una lectura reiterada porque uno vuelve a releerlo y a encontrar nuevas claves. Por eso me atrevo a comentaros algunos párrafos que aunque revelen su contenido no sólo no “reventarán” su lectura sino que la estimulará.

-“Tuve que morir para saber que me querían”. Así comienza uno de los relatos. Impresionante ¿no? Un hombre con una vida anodina tanto familiar como laboral que se deja llevar en la conducción de un automóvil y termina falleciendo. Pero lo más curioso del relato es que uno piensa, que al morirse, su familia se da cuenta de cuánto lo quería, cuando en realidad lo querían, precisamente, porque había muerto y él siente la satisfacción, por fin, de haber hecho felices a los suyos.

 “Si te comes un limón sin hacer muecas Así se titula el libro de Sergi Pamiés de que os hablo y el último de los relatos que cuenta la falta de proyecto,  la incertidumbre permanente, la inactividad de su protagonista que termina haciendo la siguiente reflexión: “Dicen que si te comes un limón sin hacer muecas, se cumplirán todos tus deseos. Pero tengo miedo de comerme un limón, hacer una mueca y que no se cumpla nunca ninguno de mis deseos”.Menudo dilema. Yo os animo nuevamente a que mordáis el limón del conocimiento. Ello os hará personalmente más libres, menos dependientes. Os animo incluso a que, si tenéis alguna duda al respecto, hagáis el esfuerzo por no hacer muecas. Pero si no fuese así, que no os importe, porque el intento se habrá hecho en la sala de espera de la felicidad de la que antes os hablaba, y merecerá la pena, os lo aseguro.

Ojalá que ese aprendizaje, como también dije en mi otra visita, os ayude a tener un futuro mejor y que nosotros podamos contribuir a ello.

Un cordial saludo

Posteado por: Aquilino Melgar | Mayo 3, 2009

El que vale, vale. Y el que no, a FP

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Foto: José A. Martín Soriano

Foto: José A. Martín Soriano

Inauguración de la IV Muestra de Formación Profesional. Ceuta – 2009

Henry Wilt, encadenado a un empleo demencial como profesor en un Politécnico, fue el protagonista, de una memorable novela a comienzos de los ochenta. El protagonista da clases en un Instituto de Formación Profesional que adereza su plan de estudios con unas pizcas de “Humanidades”. Le corresponde la ingrata tarea de enseñar literatura a personas que no sienten el más mínimo interés por leer.

Quien tuviera la ocasión de leer a Tom Sharpe en su delirante Wilt, recordará aquello de Carniceros 1, Mecánicos 2, Albañiles… A quienes estábamos en los centros de bachillerato, todo aquello nos sugería una enorme comicidad, cierta lejanía y, seguramente, un alivio interiorizado por un filtro –digámoslo entre comillas– de calidad.

En España, hay que recordar, la opción educativa de formación profesional no ha gozado históricamente de muy buena reputación. “El que vale, vale. Y el que no, a FP”. ¿Quién no ha oído esto en alguna ocasión? Era un pensamiento bastante generalizado hace 20 años. ¿Por qué ocurría así? Es posible que la Ley General de Educación, de 1970, tuviera alguna responsabilidad ya que obligaba a los alumnos que no conseguían sacarse el graduado escolar a continuar su formación a través de la Formación Profesional creándose un cajón de sastre donde estaban “los malos que no querían estudiar”, relegando la FP a un segundo plano.

Si duda y afortunadamente, las cosas han cambiado mucho y deben seguir cambiando. En el ámbito estatal, el número de personas que eligen esta opción educativa va en aumento y la imagen que se tiene de ellos es sensiblemente mejor. El número de ciclos formativos ha ido creciendo y 7 de cada 10 alumnos de formación profesional ya están trabajando a los seis meses de acabar sus estudios,

Sin embargo aún estamos lejos de otros países de la Unión Europea. En algunos, alrededor del 60% del alumnado se decantan por la formación profesional frente al 40% que decide hacer estudios universitarios. En otros, como España, ese porcentaje se invierte con la peculiaridad de que “el problema no se encuentra en el exceso de cualificación superior, sino en la dificultad del sistema de formación de incentivar y producir mayoritariamente cualificaciones intermedias“. No podemos permitir que esto ocurra por falta de una adecuada información. Las altas cuotas de empleabilidad y la demanda de un segmento necesario para un nuevo modelo productivo al que aspiramos, hacen de esta opción una elección muy interesante.

El informe de la OCDE Panorama de la educación 2008, recoge la importante evolución que ha vivido la tasa de titulados en Formación Profesional en España, especialmente la Formación Profesional de Grado Superior. En 1995, en España sólo se graduaban en Educación Terciaria de tipo B (equivalente a la Formación Profesional de Grado Superior) un 2% de los jóvenes en edad de graduarse en este tipo de enseñanza, lejos de la media europea que se situaba en el 8%. El avance de nuestro país ha sido espectacular en este campo, consiguiendo en 2006 una tasa de graduación del 15%, situándose por encima tanto de la media de la UE (8%) como de la OCDE (9%).

Sin embargo, las tasas de graduación en Formación Profesional de Grado Medio siguen estando alejadas de la media de la UE. En 2006 se graduaron en FP de Grado Medio el 35% de los jóvenes en edad de hacerlo. En cambio, la media de la OCDE es 45% y de la UE es 51%.

En Ceuta, a nivel general, ha habido un incremento respecto del curso 2001-02 del 32% de alumnos cursando Formación Profesional. Este incremento, respecto al 98-99 llega a ser del 195%. No obstante, es la FP de Grado Superior la que soporta la mayor parte de este incremento. En el Grado Medio, a pesar de que se ha aumentado un 120% respecto de hace diez años, desde el curso 2001-2002, tan sólo hubo un incremento del 10%. Como se comentó anteriormente, es en este nivel donde necesitamos una mayor subida en la tasas titulación.

No podemos olvidar, además, la importante introducción de los denominados Programas de Cualificación Profesional Inicial, que aún estando dentro de la ESO, comprenden un módulo profesional cuya superación permite al alumnado la consecución de un Certificado de Profesionalidad que les ayude a incorporarse a la vida laboral.

El Ministerio de Educación, a través de su Dirección Provincial en Ceuta, celebra la IV Muestra de la Formación Profesional que hoy se inaugura. En la misma se ofrecerá información, asesoramiento y orientación a los alumnos y sus familias sobre las distintas posibilidades que ofrece la Formación Profesional.  Para que los visitantes puedan apreciar exactamente en qué consisten estos estudios, cada familia profesional cuenta con un stand organizado por el centro en la que se imparte.

En los stand, alumnos y profesores de mostrarán de manera práctica lo que se enseña en cada familia profesional. También participan en la muestra otras organizaciones, como los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado e instituciones como la Cruz Roja.

En la presente edición participan 14 Familias Profesionales de las 26 actualmente existentes en el Catálogo de Títulos de Formación Profesional, lo que da una idea de la amplitud de la oferta existente en los seis IES de la Ciudad. Dentro de estas Familias Profesionales exponen su oferta 19 ciclos formativos de grado superior, 13 de grado medio y 10 programas de cualificación profesional inicial.

Además de la oferta reglada, se pretende mostrar a los visitantes de la muestra otras modalidades relacionadas con la formación profesional, como son los Programas de Cualificación Profesional Inicial impartidos por entidades subvencionadas por el Ministerio de Educación o aquellos otros que se realizan al amparo del Convenio entre el Ministerio de Educación y la Ciudad Autónoma.

Estamos inmersos en un proceso de cambio en las enseñanzas de formación profesional como consecuencia del desarrollo de la Ley Orgánica de Educación (LOE) y de la Ley Orgánica de las Cualificaciones y de la FP. Con esta última se pretende integrar los distintos subsistemas de formación profesional para que responda a las demandas sociales y a las necesidades del sistema productivo mediante la ordenación de un sistema integral de formación profesional, cualificaciones y acreditación.

El eje que sostiene dicho sistema es el Catalogo Nacional de Cualificaciones Profesionales, constituido por las cualificaciones identificadas en el sistema productivo y por la formación asociada a las mismas que se organiza en módulos formativos.

En definitiva, dos grandes retos se plantean en el sistema educativo: abandono escolar y formación profesional. Es posible que la lucha contra uno sea, precisamente, el desarrollo de la otra.

Nos proponemos, así, para el próximo trienio, reducir las tasas de abandono escolar prematuro e incrementar la tasa de alumnado titulado en formación profesional, especialmente en el Grado Medio. Para ello, entre otras, seguiremos las siguientes actuaciones:

  • Elaboración de un estudio –ya en marcha- que tipifique los factores que influyen en el abandono temprano de la escolarización en Ceuta y las posibles medidas educativas que puedan llevarse a cabo para reducir el problema.
  • Desarrollo de un plan de información y asesoramiento en materia de orientación profesional y difusión de las enseñanzas de Formación Profesional que permita un mayor conocimiento  de la misma y una mayor eficacia y adecuación en la elección de los estudios. La Muestra, que hoy comienza, es parte de él.
  • Actualización de la definición anual de la oferta de ciclos y programas para el curso siguiente y un ajuste de la oferta de Ciclos de Grado Medio, Grado Superior y de Programas de Cualificación Profesional Inicial a la demanda y necesidades sociales así como de los sectores productivos y empresariales de Ceuta.
  • Fomento del acceso del alumnado a los Ciclos de GM y GS, y mejora de las ofertas de preparación de las pruebas de acceso a los mismos.

Para que la Formación Profesional sea una oferta formativa dinámica, actualizada y diseñada de acuerdo con las necesidades de los sectores productivos, es fundamental la participación de los agentes sociales, diferentes administraciones y otras entidades, en la identificación y actualización de las necesidades de cualificación, así como la formación requerida, asegurando así el valor de las titulaciones en el mercado laboral.

En este sentido, impulsaremos un estudio del tejido empresarial de Ceuta y sus necesidades futuras de formación, el análisis de las distintas oportunidades de orientación profesional de las que dispone la ciudad, con el fin de establecer las bases para un Plan Integrado de Orientación Profesional.

Es la tarea que nos queda por delante y en la que habremos de aunar esfuerzos. Hoy, comenzaremos por esta visita a la Muestra que ayudará a conocer, con más detalle, lo que estamos haciendo en Formación Profesional.

Posteado por: Aquilino Melgar | Abril 15, 2009

Algo muy grave va a sucederle a este pueblo

Leer en primer lugar Trampantojos

_Algo muy grave va a sucederle a este pueblo

Foto: Ricardo Lacasa Martos

García Márquez narra la historia de una vieja mujer que un día se levanta con un presentimiento angustiante: -«algo muy grave va a sucederle a este pueblo», le advierte a sus hijos mientras sirve el desayuno. Los hijos se ríen y cuando uno de ellos juega al billar con sus amigos comenta lo que dijo su madre. Los amigos le cuentan a sus familias, las familias a los vecinos; por la tarde todo el pueblo sabe de la premonición y se reúne en la plaza a esperar la inevitable desgracia. La inquietud es insoportable. Finalmente alguien se decide y abandona el pueblo. Los demás siguen su ejemplo: cargan bártulos y parientes sobre los coches y escapan. -«Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa», dice alguien y entonces la incendia y otros incendian también sus casas; el incendio se propaga. Cuando la vieja mujer del principio mira hacia atrás y ve las llamas y el humo, le comenta a su hijo: -«Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca»

Paul Watzlawick nos introduce en las llamadas profecías de autocumplimiento. La profecía de un suceso, dice, se suele convertir en el suceso de la profecía. Pronosticar que alguien va a ser un fracasado suele despejarle el camino para alcanzar ese fracaso. No es necesario que el estímulo sea externo: una persona convencida de que “todos me odian“, tal vez se comporte con agresividad, ante lo cual es probable que los demás reaccionen con desagrado, corroborando así su premisa original.

A veces es todo un país quien resulta objeto de una de esas profecías malditas. Circula la siguiente anécdota. Ante la pregunta de un Ministro Argentino de visita en España de cuándo iba a llegar a España la libertad de prensa, el señor Fraga, a la sazón Ministro de Información y Turismo del régimen franquista, contestó: “Desengáñese, los españoles no están hechos para vivir en libertad”. Es decir, que pensaban (y no sólo lo pensaba, sino que nos lo decían) que no éramos capaces, que no teníamos los genes de la democracia, que necesitábamos mano dura y buenos censores. Muchos llegaron a creérselo: “Los españoles no estamos hechos para la libertad”.

En el entorno escolar y familiar se hacen, demasiado a menudo, profecías de esta misma naturaleza. «Tú nunca llegarás»; «No podemos hacer nada por estos chicos»; «vas a suspender con toda seguridad»; «a este chico le cuesta mucho, nunca podrá»; «vosotros no obtendréis el título»; «nunca tendréis éxito»… Llama la atención la facilidad con que algunos profesionales de la educación vaticinan el fracaso de sus alumnos y lo frecuentemente que ocurre los mismo con los padres respecto de sus hijos.

Hay un teórico experimento que se cuenta: metemos varias pulgas en una pequeña caja de cristal y observaremos cómo saltan sin cesar contra las paredes y el techo de la caja. Si después de un tiempo las sacamos de su encierro y las dejamos en libertad veremos que sólo realizan saltos como los que efectuaban dentro de la caja. Se han acostumbrado a los límites, se han habituado a unos esfuerzos recortados por la experiencia. Habremos condenado a las pulgas a su pequeño fracaso.

Algo parecido nos pasa a los humanos: si nos acostumbramos a unos determinados límites nos sentimos incapaces de superarlos. A veces ni siquiera lo intentamos. Creemos que lo alcanzado es todo lo que podemos llegar a conseguir. Acostumbrarse al fracaso tiene su origen en la falta de estímulo. Las pulgas, dentro de la caja, se habitúan a unos saltos minúsculos que acaban por condicionar su futuro comportamiento.

En todas aquellas cuestiones que nos vamos proponiendo en la vida, adquieren una enorme importancia los logros que hemos sido capaces de alcanzar. Por eso es positiva la idea de faciliatra la consecución de éxitos. Mal asunto el de acustumbrar a ninos y niñas al fracaso. De la misma manera, resulta tremendamente decisivo lo que los demás esperan de nosotros. Si nadie espera que seamos capaces de conseguir algo significativo, es fácil que no lo alcancemos. Es fácil que una persona que permanentemente está recibiendo mensajes del tipo: “Tú nunca llegarás a nada“; “tú jamás conseguirás algo importante“; “eres un inútil“; “serás un fracasado“…, si no se rebela cotra la profecía, si no la convierte en un desafío, acabe siendo, efectivamente, un fracasado.

Esta situación ocurre en general en el ámbito social, en el ámbito profesional y, demasiado a menudo, en los ámbitos familiar y escolar. Y me preocupa mucho que esas actitudes tengan lugar en las aulas porque quienes tenemos otorgada una responsabilidad social para ayudar a crecer, a ser impulsores de un desarrollo intelectual y moral, estaríamos utilizando esa potestad para poner sobre los hombros de nuestros alumnos una verdadera montaña de desaliento. Y esto es tremendo.Las profecías malditas nacen de la torpeza y de un cierto desamor de quien las vaticina.

Hay un hermoso libro de Alice Calaprice,Querido profesor Einstein”, en el que se muestra la tierna relación del científico con los niños y las niñas a través de la correspondencia. Se puede comprobar cómo les alienta y anima. Porque los quiere. Él mismo fue un alumno con problemas. Se lo cuenta a Bárbara, una niña de 12 años, que le confiesa sus problemas con las matemáticas: “Me encantó tu amable carta. Hasta el momento no me había planteado ser un héroe, pero puesto que me has designado como tal, ahora siento que sí que lo soy… No te preocupes por tus dificultades en matemáticas: puedo asegurarte que las mías eran aún mayores”. Los alumnos aprenden de aquellos profesores a los que aman. Porque tienen un radar para saber quién los quiere.

Un experimento, también muy ilustrativo: Rosenthal tomó al azar una serie de alumnos de una escuela y entregó sus nombres en un listado a los profesores, informándoles falsamente que en los test habían salido superdotados, cuando la realidad era que habían salido simplemente más o menos normales. Lo sorprendente fue que al cabo de ocho meses, dichos alumnos obtuvieron un rendimiento escolar realmente excelente. ¿Qué es lo que había pasado? Pues que la expectativa de los profesores y cómo se habían relacionado con dichos alumnos, había facilitado, o sea, «estimulado», el aumento de rendimiento en ellos.

¡Es la Educación, estúpido!

Posteado por: Aquilino Melgar | Marzo 17, 2009

Pigmalión y Galatea

Foto: José Carlos Varea

Foto: José Carlos Varea

 

La mano del artista trabaja en el mármol un cuerpo perfecto. Y Afrodita, finalmente, complace a este solitario rey. Sus labios insuflan vida a la mortecina y apagada lápida mortuoria. La mujer, Galatea, abandona su armadura de piedra baldía y se convierte en carne, huesos, órganos y humores. Y Pigmalión, incrédulo, no cabe en sí de tanta satisfacción.

 

Cristina Andino, una docente de la ciudad de Rosario, en Argentina, cuenta la siguiente experiencia:

«Un día, les entregué a mis alumnos de 11 años una lista con los nombres de sus compañeros y de sus profesores. Les pedí que escribiesen, por lo menos, tres virtudes al lado de cada nombre que aparecía en la lista. No les conté nada más. Como única explicación les dije que confiaran en mí, que era para algo bueno. Naturalmente, en algunos casos, descubrir “cosas buenas” de sus compañeros o, incluso, de algún docente, no les resultó nada sencillo. Sin embargo, pusieron todo su empeño para cumplir lo que les había pedido. Diariamente esperaban ansiosos los resultados. Cierto día nos reunimos todos los alumnos y los docentes, porque tenía que leerles “un cuento”. Acto seguido, les entregué a cada uno “su diploma” que contenía el relato de “el elefante encadenado” y, debajo, lo que pensaban de él sus compañeros/alumnos. Las caritas de felicidad y sorpresa de grandes y pequeños decían más que mil palabras. Este ejercicio reafirmó autoestimas, permitió sentirse tenido en cuenta, necesario. Algunos dejaron de ser esa piedrita molesta en el zapato. El clima del aula dio un vuelco por el cambio de actitud de todos los actores del proceso enseñanza-aprendizaje. Era un placer entrar en ella, las bromas reinaban en el lugar. Se percibía en el ambiente deseos de superación personal al tener seguridad, no sólo en uno mismo, sino también en el otro. Extendieron su mano para darse y, a la vez, para recibir sin vergüenza. ¿Alcanzaron los chicos sus aprendizajes básicos? Sin duda… ¡Y los superaron más allá de toda expectativa inicial! Lo fundamental para los niños de esta experiencia, lo grabado a fuego, fue descubrir que todos valemos y, que por ello, nos debemos respeto. Y para mí el poder y la importancia de la educación de los sentimientos.»

 

Bucay relata una historia sobre un elefante encadenado en la que cuenta la afición infantil a los circos, a los animales que los poblaban y, en especial, al gigantesco elefante.

Durante cada función, la enorme bestia desplegaba su tamaño, su peso y su descomunal fuerza… pero después de su actuación y hasta momentos antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente:

  ¿Qué lo mantiene entonces?

  ¿Por qué no huye?

La respuesta parece obvia:

  El elefante no se escapa porque está amaestrado.

Pero entonces surge otra pregunta obvia:

  Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

Difícil respuesta para un niño amante del circo y los animales.

Sin embargo, el tiempo y la madurez, le hacen a uno reflexionar y encontrar una respuesta coherente:

  El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.

“El niño cierra los ojos e imagina al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Está seguro de que en aquel momento el pequeño elefante empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía… Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino”.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree –pobre de él- que no puede. Tiene grabado el recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió en su infancia. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez.

 

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos demasiado a menudo pensando que “no podemos”, simplemente porque una vez, hace tiempo, lo intentamos y no lo conseguimos. Grabamos entonces en nuestra memoria, como el elefante, un claro mensaje: “no puedo, no puedo y nunca podré”.

Crecemos llevando este mensaje impuesto a nosotros mismos y nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Y cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: “no puedo y nunca podré”.

 

¡Parece increíble lo que nos cuesta a veces reconocer aciertos y cualidades, manifestar algo de admiración y un poco afecto! Somos presa de una cierta racanería a la hora de decir a los demás qué es lo que nos gusta o emociona de ellos. Somos más proclives a descalificar que a felicitar.

 

Hay otra buena experiencia educativa que ejemplifica esta cuestión:

En un ejercicio de dinámica de grupos, una chica ocupa el lugar central de un círculo. El resto de compañeros tienen que acercarse y decirle al oído alguna cosa positiva de su personalidad, de su físico, de su indumentaria, de su forma de relacionarse… Puede ser grande o pequeña pero, en cualquier caso, debe ser sincera.

La chica, después de oír algunas manifestaciones, rompe a llorar y abandona la sala. Cuando más tarde se le pregunta el motivo, ella contesta:

  Nadie me había dicho nada agradable en mi vida.

 

Nos encontramos ante una terrible manifestación que desvela algunas carencias de las que tenemos que ser conscientes. La relación personal no se puede esfumar bajo el listado de objetivos de aprendizaje o de competencias básicas.

En la medida en que sepamos aumentar la autoestima de los alumnos, en que apreciemos las actitudes y los valores, en que sepamos cultivar una buena disposición emocional favorable al aprendizaje, recogeremos mejores frutos de la delicada y complicada labor educativa. El verbo aprender, al igual que el verbo amar, no se pueden conjugar en imperativo.

 

 

“Escuché sus ideas ensimismada, sobre todo cuando nos explicó que, durante el primer año, tú ya sabrás reconocer perfectamente si eres amado. Y que, precisamente, la percepción que vayas teniendo de ser “querido” influirá mucho en la idea que poco a poco te vayas formando de ti mismo como un ser “querible”. (…) nos dijo que de algo aparentemente tan sencillo depende, en gran parte, la actitud que en la adolescencia y en la edad adulta manifiestan muchos seres humanos al considerarse a sí mismos valiosos o no valiosos (eso que llaman «la autoestima»)”.

Bienvenido, Juan. Cartas a un niño que va a nacer. (María Novo, Francesco Tonucci) Ed. Grao

 

 

Émulos de Afrodita, la tarea educativa es en buena parte la redención de la preciada e ignorada estatua de Galatea. Para ello, sin embargo, es necesario aplicar la receta de Pigmalión: creer en los alumnos, mantener expectativas positivas sobre los mismos y, aún más, sobre los más desfavorecidos. No es que sea suficiente, pero sí condición necesaria para superar un cierto determinismo darwiniano de fracaso escolar.

 

 

 

Posteado por: Aquilino Melgar | Febrero 18, 2009

Cuando el dedo señala la luna…

Foto: Jose A. Martín Soriano

Foto: Jose A. Martín Soriano

Dos amigos viajan de safari a África. Ya en zona salvaje, deciden abandonar el vehículo y continuar a pie para poder contemplar el maravilloso paisaje que la naturaleza les brindaba. Pasado un tiempo observan que un León los vigila desde unos 20 metros de distancia, con una mirada de acecho que pronostica un impulso de caza y captura. Son conscientes de que se han alejado casi un kilómetro del vehículo. De pronto, uno de ellos toma su mochila, saca un calzado deportivo y tranquilamente comienza a ponérselo. El otro lo mira con cara de extrañeza y le dice:

-      ¿Estás loco?, ¿acaso piensas que puedes correr más rápido que el León?

-      No amigo mío, no tengo que correr más rápido que el León, solo tengo que correr más rápido que tú

 

Me preocupa mucho esta actitud de sálvese el que pueda, de desprecio a los demás, de sobrevaloración de lo mío sobre el nosotros, de la insolidaridad y el individualismo por bandera.

 

La noticia sobre un estudio que tipifique los factores que influyen en el temprano de la escolarización y las posibles medidas educativas que puedan ponerse en marcha para reducir el problema, aparece en la edición digital de un diario que permite la inclusión de comentarios a los lectores. El siguiente es uno de ellos:

 

“MENOS ESTUDIOS Y MENOS DINERO GASTADO INUTILMENTE. PARA DECIR LAS COSAS CLARAS Y SIN RODEOS: LOS NENES DE ESTA CIUDAD, AL MENOS EL 50% (VAMOS A DEJARLO ASI) NO ESTUDIAN PORQUE ES MAS RENTABLE Y TIENE MAS SALIDA DEDICARSE AL NARCOTRAFICO, MÁS RAPIDO Y SIN ESFUERZO, PORQUE ES LO QUE LES PASA A TODOS “ÉSTOS”. QUIEREN HACERSE RICOS SIN PEGAR UN PALO AL AGUA Y ESTUDIAR COMO QUE SE HACE “MUY DURO” PARA SUS MOLLERAS CERRADAS COMO CANDADOS……….DONDE NO HAY NO HAY……AHORA .. ¿PARA CUANDO UN ESTUDIO DE COMO MEJORAR LOS RECURSOS EXISTENTES PARA LOS QUE “SI” QUIEREN ESTUDIAR Y MEJORAR SU RENDIMIENTO…COMO SIEMPRE EN ESTE PAIS SE PRIMA A LA CARROÑA Y SE PUTEA AL RESTO.”

 

Algunas puntualizaciones al respecto, para juzgar este tipo de actitudes:

·         Cuando se refiere a ‘TODOS “ÉSTOS”’ no se está utilizando un genérico para referirse a quienes no quieren estudiar, sino que parece precisar de manera clara ese “50%” de “NENES DE ESTA CIUDAD”.

·         Y a ese 50% les otorga el atributo de que ‘ESTUDIAR COMO QUE SE HACE “MUY DURO” PARA SUS MOLLERAS CERRADAS COMO CANDADOS…. DONDE NO HAY NO HAY’, además del de CARROÑA.

·         Y claro, la CARROÑA parece ser CARROÑA para siempre, puesto que el menor intento de dejar de serlo, significa que se PRIMA A LA CARROÑA y se PUTEA AL RESTO.

 

Me preocupa que haya demasiadas opiniones como la descrita. Me preocupa que haya tanto necio.

Cuando el dedo señala la luna, el necio mira la mano.

 

¡Es la Educación, estúpido!

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